Carliwuis

miércoles 21 de octubre de 2009

Mi stereo familiar

Descubran a mis padres cuando bailaban Soda Stereo siendo sólo unos veinteañeros

lunes 10 de agosto de 2009

Muere el “crack” chilensis

Francisco “Chamaco” Valdés

Aún cuando fue el máximo goleador en la historia del fútbol chileno nunca se le pagó imposiciones. Después de dos ataques al corazón y fiestas a beneficio para costear las operaciones, jubiló por ley de invalidez, recibiendo sólo 90 mil pesos mensuales del gobierno. Pese a que nunca se insertó como ex crack, ayudó a muchos niños con riesgo social a través de su don, ser bueno para el fútbol.

A los 66 años muere de un ataque al corazón el máximo goleador del futbol chileno, el colocolino Francisco “Chamaco” Valdés.

Aquella noche, la de hace más de cinco años, Dinamita Show, humoristas autonombrados “colocolinos de corazón”, compartieron escenario gratis. Diez mil pesos por entrada a la Discoteque Nina no era un derroche, sino un apoyo para involucrarse en un ambiente un tanto divertido y triste a la vez: Francisco “Chamaco” Valdés sufría de ataques al corazón. “El primer infarto fue más grave, ese duró nueve horas la operación y después a los dos años siguientes me volvió a dar otro”, comentaba a las personas que se encontraban en el lugar, quienes fueron invitados por los amigos cercanos del Chamaco, los organizadores de la fiesta a beneficio.

Hoy continúa siendo el máximo artillero del futbol chileno, con una marca de 215 goles. Su humildad se hizo presente al confesar que no sabía que él era quien lideraba la tabla de los goleadores chilenos, “Fue el periodista Juan Cristóbal Guarello quien dijo que después de que todos me criticaban, con que yo no era rápido y ni cabeceaba, tenía la marca, siendo además un mediocampista”. Pedro “Heidi” González pretendió superar al Chamaco, pero hasta el momento el colocolino sigue estando en la cabeza de la tabla, mientras Heidi sólo llegó a los 212 goles.

“El hecho de ser un futbolista famoso hace pensar a la gente que ganó mucho dinero, pero él no, porque estuvo en otra época incomparable a la de hoy”, dice Carlos Soto, ex jugador de la Selección chilena y actual presidente del Sindicato Interempresa de Futbolistas Profesionales. A Chamaco Valdés nunca le pagaron imposiciones por ser jugador de fútbol. “Cuando fueron a ver a mis registros, de todos los años que jugué, es decir, del 62 al 70, yo no tenía nada de nada. Ninguna imposición.”, decía. Para jubilar tuvo que acogerse a la ley por invalidez, debido a los infartos al corazón, por lo que recibió del estado alrededor de noventa mil pesos mensuales. Esto no fue un caso excepcional, “en aquel tiempo los clubes vivían de las recaudaciones y de un pequeño porcentaje de la publicidad, no tenían la potencia que tienen hoy -comenta Soto- por otro lado, el marco jurídico era también distinto, hoy existe una ley, pero en ese año no existía, sino que había un decreto fuerza ley del año 70 que regulaba la relación laboral de los futbolistas con los clubes, por lo que los jugadores cotizaban sobre un sueldo vital, ni siquiera sueldo mínimo, lo que significaba que recaudaban entre dos mil o tres mil pesos para su jubilación.”

El 1982, dejó de jugar, pero nunca no se retiró del fútbol. “Me preparé sicológicamente, porque sabía que de pasar a ser una persona pública, conocida y querida por la gente, después la fama iba a pasar”, decía, pese a no haberse desligado del fútbol. Se preparó haciendo cursos de iniciador, director y entrenador. Al contrario de lo que él pensaba, la gente no lo olvidó. Ciertamente no era una figura mediática, no recibía dinero del fútbol, ya no lo entrevistaban, ni lo llamaban, pero sí lo reconocían. Lugar donde iba era saludado e incluso aplaudido. “Iba mucha gente a su restaurante, donde en sus muros había cuadros de Colo Colo y la televisión siempre transmitía algún partido de fútbol”, decía Juan Manuel Durán, quien lo conoció al ser vecino de su restaurante “Donde Chamaco” situado en el centro de Santiago.

“Él es un personaje en el fútbol bastante querido que no ha logrado, creo yo, insertarse en el medio futbolístico profesional en su categoría de `ex crack` de Colo Colo”, dice Carlos Soto al recordar las palabras de Valdés: “De repente paso desapercibido, pero no me preocupa, porque gracias a Dios en mi familia estamos todos bien”. A diferencia de otros crack del fútbol, quienes viven de sus lujos y comodidades, Chamaco Valdés participó de un proyecto junto al Ministerio del Interior llamado “Escuela de Fútbol Preventiva”, donde en escuelas de fútbol ayudaban los niños con riesgo social. El proyecto logró mejorar el nivel académico de más de la mitad de los niños. “Los papás cuando traen a los niños les dicen `mira éste es el Chamaco…`, entonces de un comienzo los niños saben quien soy y me respetan”, decía mientras miraba a la cancha y reía al acordarse de anécdotas que tenía cada niño, y también niña. Su rostro seguía alegre mientras del cuello le colgaba una cadena de oro con dos piochas: una con la figura de una zapatilla de fútbol y la otra con la figura su equipo, el Colo Colo.

martes 28 de abril de 2009

Tú, yo, él, ella, Nosotros

El domingo de la semana pasada vi la película de Disney Nature “La Tierra”. Mi pequeña perra pincher (doberman enano), que rondaba por el lugar, escuchó pájaros y se quedó impactada mirando el televisor, igual que yo.
Desde hace once meses que no como carne y mi sensibilidad ante los animales ha aumentado. Cuando la película de los directores Alastair Fothergill y Mark Linfield finalizó lloré. Pero no por la historia de otros, sino por la historia de nosotros.

revisa:http://www.loveearth.es/

miércoles 28 de noviembre de 2007

Como un grano de arroz fuera del plato


Dedicado a Francisca Alzamora, que este año nos deja por Derecho o Ingeniería.





-¿Dónde debo firmar? Tengo beca de almuerzo- dice Francisca (19) al cajero del comedor de su universidad, mientras detrás de ella una fila de estudiantes, cada uno con bandeja en la mano y esperando ser atendidos, deciden qué almuerzo comprar del menú. El aire candente del lugar se mezcla con la fragancia de aquel pollo con arroz que se encuentra en la vitrina, acompañado de ensaladas y coloridos postres.

Francisca, pese a tener una estatura más baja del promedio normal y una voz dominante, segura y decidida, destaca entre los jóvenes. Incluso teniendo aires de liderazgo y una fuerte personalidad, sus brillantes ojos café, delatan a una desprotegida niña obligada a madurar. Se separó por 2050 kilómetros de sus padres, quienes viven en Arica, para estudiar Periodismo en Santiago. Poco conoce de su nueva ciudad y no es para menos, de hecho, es la más grande de Chile. Las distancias pueden llega a ser de más de 10 Kilómetros sólo si se recorre Alameda, la avenida principal, sin contar tus dos extensiones: Av. Pajaritos y Providencia.


Recibió el plato de pollo con arroz y apenas ubicó a sus compañeros, caminó hacia la mesa donde almorzaban, siempre acompañada de su mejor amiga, Natalia (19). Los jóvenes quitaron sus bolsos de la mesa donde almorzaban, les ofrecieron dos sillas y automáticamente ellas se sentaron junto al grupo.


No era que Francisca fuese pobre. Ganó en la universidad beca de almuerzo y también de fotocopias para poder correr con sus gastos. Vive con su hermana mayor, pero no mantienen una buena relación, por lo mismo “la Fran”, como la llaman sus amigos, siente que vive prácticamente sola.


- Hoy Julio se devolvió a Viña -cuenta la joven sin quitar sus ojos de los traviesos granos de arroz que se escapaban del tenedor y se esparcían por el plato– Pero si quieres yo te acompaño a visitarlo -responde Natalia, acariciando el hombro de su amiga al sentir el dolor de estar separada del amor.


El dilema de su vida: Las distancias. La Fran, una morena juguetona, debe luchar contra los kilómetros, pues su pololo Julio (21) estudia en Viña del Mar. Es por eso que siempre está con su celular, sólo faltaría que el artefacto lograra ser parte de su piel, porque es él quién rompe con su trauma y le ayuda a sentirse cerca de los suyos; padres y amigos ariqueños, sobrinos de la cuarta región y novio viñamarino. Definitivamente está aislada de todo, igual que el solitario grano de arroz, que en algún momento del almuerzo, cayó desde su plato a la mesa, separándose eternamente de la porción.


- Ya es la hora, debemos entrar a clases - anuncia del otro lado de la mesa un risueño niño de crespos cabellos, cuando todos mágicamente ya habían terminado de comer.

domingo 14 de octubre de 2007

Un Poco de Carla con "C"



No sé por qué me nombraron “Carla”, lo único que sé es que odio a las Carlas con “k” y que mi nombre se escribe definitivamente con “c”. Creo que a mi padre le gustaba ese nombre, porque él decía que era “futurista”. Objetivamente nada tiene de futurista, pero esa explicación es comprensible, pues es parte de su característica fundamental: “el chamullo”, que con orgullo me atrevo a decir que heredé. Mi segundo nombre “Pía” sí tiene explicación, obvia, pero explicación al fin y al cabo. Mi madre tiene como segundo nombre “Pía” y quería ser recordada por su descendencia, como quien comenzó con una tradición que yo debo continuar.
¿Quién lo imaginaría? Entré al colegio y estaba feliz, porque lo único que me importaba era aprender a leer y escribir, después de aprenderlo definitivamente lo odié. Hoy me encuentro estudiando Periodismo en la Universidad Diego Portales y pese a entrar a esta carrera embobada con “el mundo artístico”, me di cuenta, ahora y paradógicamente, que sí tengo una mística afición por la lectura y la escritura.
Corrí con las trancas de mi madre y fui matriculada en el colegio donde ella siempre quiso estudiar: el Colegio Santa Úrsula de Maipú. Aquí los valores importan mucho más que lo académico, es sólo para mujeres, de monjas católicas y más encima alemanas. (Censuro todo tipo de chisme y mito que circula por el ambiente)
Después de estar en teatro y no lograr papeles protagónicos, me interesé por el taller de voleibol. Me aficioné de tal manera a este deporte que vivía y moría por él, logrando ser parte de la selección. Pero esto no bastó, tenía mucho más que entregar y siguiendo “la parábola de los dones”, que alude a desarrollarlos y no esconderlos, me incorporé al centro de alumnas del colegio, fui reina de una alianza y terminé el cuarto medio siendo la presidenta de curso.
Gracias a las clases de alemán de mi colegio, gané una beca a Alemania. Perfeccioné mi alemán y más tarde, en Chile, obtuve el diploma “Schprachdiplom”, el cual acredita y reconoce mi dominio de este idioma en el extranjero. Cuando estuve en Europa, aproveché de conocer los países de mis sueños, visitando ciudades como: Roma, Florencia, Venecia, Paris, Ámsterdam, Amberes, Berlín, Colonia, Bonn y Leipzig.
Hoy mi vida gira entorno a la universidad, pero siempre pensando en mi compinche viernes y mi compadre sábado. Estos chiquillos me esperan durante toda la semana para que juntos nos riamos de mí y mis estúpidos amigos que a eso de las cinco de la mañana comenzamos a necesitar ayuda con urgencia.
Bonus track: admito que corté a Karina en la foto, ¡Sorry girl!